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martes, 7 de agosto de 2012

CON SUPERMARIO A LA DRAGHIDIA



Sigo con mis pensamientos sobre la situación económica y financiera actual. Y para que una cosa quede muy clara desde el inicio: no simpatizo con ningún gobierno. Con ninguno. Y no me visto con ninguna bandera. Con ninguna.

Aclarado esto, sigamos:

Todo indica que estamos ante una espiral hacia abajo como en el 2008. La mayoría de los economistas quiere que Draghi actúe y meta más dinero (creado de la nada) en los mercados. Esto es lo que todos los discípulos de Keynes quieren. Es lo que el electorado en España e Italia quiere.
El electorado en Alemania, Holanda, Bélgica y Finlandia no lo quiere. En el momento que Merkel ceda se encontrará con una revuelta en su propio gobierno y partido.

Y ¿qué pasa con el Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM)? Pues, el BCE ya ha dicho que hace falta un nuevo tratado europeo para aumentar la autoridad del ESM para que pueda soltar los 500 mil millones de euros necesarios. El ESM tendrá una autoridad absolutamente dictatorial. Los parlamentos en Holanda, Alemania, Finlandia y Bélgica no lo aceptarán. Y hace falta unanimidad de votos de todos los países.

La solución para este problema es llevar acabo esta operación sin el consentimiento de los parlamentos. Es ilegal. Pero parece que a pocos les importa mientras puedan seguir viviendo del cuento. 

El BCE puso un billón de euros para rescatar a bancos al inicio del año. Y sin embargo, la banca española sigue en su trayectoria hacia abajo.

La fuga de capitales de los bancos españoles está en auge. Credit Suisse Bank estima que la banca española pierde 50 mil millones de euros cada mes. Esto supone el 5 % de PIB español – cada mes. ¿Adónde va el dinero?

Es muy sencillo. Lo voy a explicar.

Todavía es posible hacer una simple transferencia a un banco – digamos - en Alemania. Lo más probable es que el banco no te paga nada por tu dinero allí. Al contrario: te cobran, para que lo tengas allí. Los mercados están anticipando lo que con toda probabilidad pasará: España volverá a la peseta que perderá en una sola noche un 25% frente al euro o al marco.

Por la fuga de capitales y por la falta de inversiones privadas, Italia e España necesitarán un mínimo de 1,1 billones de euros solamente para el rescate. Este dinero no aparecerá. Nadie en el mercado privado en su sano juicio lo pondrá. Nadie. Queda solo el BCE.

¿Cuándo tendrá que poner el BCE este dinero sobre la mesa?

Algunos dicen que dentro de un par de semanas. Porque ahora los mandamases están de vacaciones y no quieren complicarse la vida en agosto.  Los más optimistas hablan de finales del año.

En el pasado, el BCE se negaba sistemáticamente a comprar bonos estatales. Esto le daba poder sobre los gobiernos. El BCE de esta manera podía vetar la política de un gobierno. Por eso Berlusconi tenía que dimitir al negarse a recortar gastos. Hace poco, el BCE se negaba a inyectar dinero en Bankia, comprando bonos españoles. Bankia iba directamente a la quiebra. Solo la cumbre a finales de junio significaba la salvación para Bankia. Pero la misma cumbre también autorizó al BCE a regular bancos nacionales.

Es evidente que existe una correlación: el BCE tiene el poder para controlar la política económica nacional de los países con problemas bajo la amenaza de no comprar bonos o no aceptando estos bonos como seguridad a los bancos nacionales para recibir a su vez créditos baratos del BCE. Sin embargo, si el BCE infla de nuevo el euro para rescatar a Italia y España, renuncia a ejercer presión política. O sea: el BCE puede o bien salvar a los gobiernos o controlar a los gobiernos. Pero no puede hacer ambas cosas a la vez.

No es un secreto quien sufrirá más cuando Italia y España entren en suspensión de pagos: son los bancos comerciales del norte de Europa. Sus banqueros creyeron durante mucho tiempo que los bonos de Italia y España eran tan seguros como los de Holanda y Alemania. Y optaron por comprar esos bonos por los intereses más altos que daban. Lo hicieron en el nombre de sus clientes.
Ahora tienen un montón de bonos por valor de centenares de mil millones de euros que el día de mañana pueden perder su valor. Y sus clientes están preocupados. Yo también lo estaría.

A eso añadimos la recesión europea. Los gobiernos se enfrentarán a unos pagos cada vez más altos por prestaciones sociales. Al mismo tiempo, los ingresos bajarán. Los déficits aumentarán en vez de bajar.

Todo esto me lleva a la siguientes conclusiones:

·      1. El poder establecido en Europa – igual que en EE.UU. - tiene fe en una sola cosa: el crédito de los bancos centrales.

·       2. El poder establecido quiere una unión fiscal que solamente se consigue violando el Tratado de Maastricht que creó la Unión Europea.

·       3. Los votantes, sin embargo, tienen ahora una tendencia hacia el nacionalismo y en contra de la UE.

·       4. Solo el BCE puede rescatar a países como España e Italia.

·       5. Este rescate solo se puede conseguir a través de inflar el euro = inflación galopante.

·       6. No habrá unión fiscal a menos a través de un procedimiento ilegal.

·       7. Sea como fuere, la unión fiscal no llegará hasta finales del 2013.

·       8. Pero el sistema bancario de la eurozona necesita ayuda antes del final del 2012. El rescate tiene que venir ahora.

·       9. Hay una fuga de capitales de España e Italia hacia Alemania. Esto no puede pararse de forma legal.

·       10. Si no se para la huída de capital, la banca española e italiana pronto carecerá de activos para sustituir los fondos retirados.

·       11. Todos aquellos que no han sacado su dinero del banco para finales del 2013, se lamentarán.

·       12. De momento la cuestión no es sacar interés, sino conservar el capital.

Draghi y sus consortes hacen lo mismo lo que el paisano de Draghi, Francesco Schettino, hizo como capitán del crucero “Costa Concordia”: no están tomando la situación en serio. 
No toman las decisiones necesarias para salvar por lo menos a todos los pasajeros. 
No saben que hacer. 
Ni les importa porque serán los primeros que se irán del barco. 
Igual que Schettino del Costa Concordia.
   






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